Pozo de agua: así funciona y por qué es clave para la agricultura

Pozo de agua: así funciona y por qué es clave para la agricultura

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Raleigh.- Cuando el agua escasea, cada gota cuenta. En el campo, un pozo de agua puede marcar la diferencia entre mantener una producción activa o ver afectado el ganado, los cultivos y la vida silvestre.

Por eso, el Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS, por sus siglas en inglés), del Departamento de Agricultura de Estados Unidos establece reglas claras para construir pozos seguros y eficientes destinados exclusivamente al uso agrícola.

Un pozo agrícola, estableciado con el código 642 del NRCS, consiste en un orificio hecho en el suelo para extraer agua subterránea. Los productores lo usan para dar de beber al ganado, regar cultivos o asegurar agua para la fauna terrestre.

Estas obras aplican en tierras agrícolas donde el agua del subsuelo tiene buena calidad y cantidad suficiente.

Antes de perforar, el dueño del terreno debe revisar las normas locales y obtener los permisos necesarios.

Un perforador con licencia realiza el trabajo y se asegura de cumplir las reglas de seguridad y construcción. Además, el propietario identifica tuberías, cables u otros servicios enterrados para evitar accidentes.

Fuente: Natural Resources Conservation Service

La ubicación del pozo resulta clave. Los técnicos recomiendan colocarlo lejos de zonas inundables, corrales, químicos agrícolas o cualquier posible fuente de contaminación. También se limpia el área para que la maquinaria trabaje de forma segura.

Durante la construcción, el pozo recibe un tubo protector, llamado camisa, que evita derrumbes y mantiene el agua limpia.

Los trabajadores sellan los espacios alrededor del tubo con materiales especiales para impedir que tierra, bacterias o residuos entren al pozo. En algunos casos, instalan filtros que ayudan a obtener agua más clara y constante.

Limpieza obligatoria

Una vez terminado, el pozo pasa por un proceso de limpieza interna y desinfección con cloro.

Luego, los técnicos prueban su rendimiento bombeando agua para comprobar que el nivel se mantenga estable y que el caudal resulte suficiente para su uso diario. Si existen dudas sobre la calidad del agua, se realizan análisis antes de usarla.

El cuidado no termina ahí. El dueño debe revisar periódicamente el pozo, vigilar cambios en el color, olor o sabor del agua y mantener el área libre de fertilizantes o pesticidas. Si el pozo deja de funcionar o se vuelve inseguro, las normas indican cómo cerrarlo de manera adecuada para proteger el suelo y el agua subterránea.

Así, un pozo bien hecho y bien cuidado no solo lleva agua al campo: también protege la salud, el ambiente y el futuro de la producción agrícola.

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