Raleigh.- Mucho antes de que existieran las aplicaciones del clima o los fertilizantes modernos, agricultores de distintas partes del mundo ya miraban al cielo para decidir cuándo sembrar, podar o cosechar.
La luna, bella, silenciosa y constante, se convirtió durante siglos en una especie de calendario natural para quienes viven de la tierra.
Hoy, esa tradición conocida como “sembrar en luna” continúa viva entre agricultores, jardineros y familias que creen que las fases lunares pueden influir directamente en el crecimiento de las plantas, la fuerza de las raíces e incluso la calidad de las cosechas.
La práctica combina conocimientos ancestrales con observaciones agrícolas transmitidas de generación en generación. La idea principal sostiene que la fuerza gravitacional de la luna, la misma que mueve las mareas en los océanos, también afecta la humedad del suelo y la circulación de la savia en las plantas.
Por eso, cada fase lunar tendría un efecto distinto sobre los cultivos.
Luna creciente
Durante la luna creciente, por ejemplo, la savia sube con más fuerza y las plantas concentran su energía en el crecimiento exterior.
Esa etapa resulta ideal para sembrar cultivos que crecen sobre la tierra y producen frutos, como tomates, frijoles, pimientos, guisantes y maíz. También favorece plantas de rápido desarrollo vegetativo como lechugas y abonos verdes.
Muchos agricultores recomiendan sembrar dos o tres días antes de la luna llena para aprovechar mejor esa energía natural.
Luna menguante
En cambio, la luna menguante dirige la fuerza de la planta hacia las raíces. Por eso se considera el mejor momento para sembrar zanahorias, papas, rábanos, remolachas y otros tubérculos. También favorece la poda, el control de maleza y las cosechas que buscan mayor conservación.
“La luna menguante ayuda a que la planta concentre más energía bajo tierra”, explican expertos en horticultura tradicional.
La luna llena, por su parte, se asocia con momentos ideales para cosechar, cortar caña, mover compost o sembrar plantas de fruto.
Mientras tanto, la luna nueva suele reservarse para labores más suaves como limpieza de hierbas o mantenimiento del terreno.
Momento para podar
Además de la siembra, las fases lunares también influyen en otras actividades agrícolas.
Por ejemplo, quienes trabajan con árboles frutales suelen podarlos en luna llena o cuarto menguante para favorecer la producción de fruta y controlar el exceso de crecimiento. La madera destinada a construcción se corta preferiblemente en luna menguante para que dure más años y resista mejor la humedad.

Incluso las conservas y mermeladas tienen su momento ideal: muchos agricultores recomiendan prepararlas durante luna menguante para lograr una mejor preservación.
Aunque no todos los científicos coinciden sobre el impacto exacto de la luna en los cultivos, miles de agricultores aseguran que sembrar siguiendo el calendario lunar les ayuda a obtener plantas más fuertes, cosechas abundantes y productos de mejor calidad.
Para quienes desean empezar, el consejo principal es sencillo: observar.
Utilizar un calendario lunar, anotar fechas de siembra y comparar resultados puede ayudar a cada agricultor o jardinero a descubrir cómo responde su tierra.
También recomiendan combinar esta práctica con técnicas sostenibles como el compostaje, la rotación de cultivos y el uso de fertilizantes orgánicos.
Más allá de la ciencia, sembrar en luna mantiene viva una relación especial entre el agricultor y la naturaleza. Una conexión antigua que recuerda que, muchas veces, la tierra también tiene sus propios ritmos.