Las Marías.- La finca Bien-Estar no comenzó como un proyecto agrícola típico. Nació de una preocupación muy concreta: cómo asegurar alimentos frescos y saludables en una isla donde gran parte de lo que se consume proviene de fuera de la región.
Con esa idea en mente, Heriberto Martínez Méndez decidió darle un giro a un terreno de unas cinco cuerdas —aproximadamente dos hectáreas— en Las Marías y convertirlo en un espacio que hoy mezcla producción, aprendizaje y conservación.
El proyecto fue tomando forma mientras Martínez Méndez terminaba su maestría. Ya tenía claro que era necesario fortalecer la seguridad alimentaria en Puerto Rico, así que apostó por un modelo basado en agricultura regenerativa y en observar de cerca cómo responde la tierra.
Así nació Bien-Estar, organizado en tres pilares: producción de alimentos, educación e implementación de prácticas de conservación.

En la finca se cultivan productos como jengibre, cúrcuma, galangal y recao (culantro), todos manejados con técnicas que apoyan la conservación de recursos naturales. También hay árboles frutales, tanto nativos como exóticos, sembrados de manera intercalada, junto con sistemas pensados para aprovechar mejor el agua y evitar la erosión del suelo.
El diseño del terreno no es casual. Todo está pensado para que funcione bien, pero también para enseñar. Las siembras en contorno, terrazas, canaletas y barreras de vetiver no solo ayudan a la producción, sino que permiten ver en práctica cómo operan estas técnicas de conservación. A eso se suman sistemas para recoger agua de lluvia, microirrigación y estructuras tipo high tunnel.
Prácticas que ayudan
En total, Martínez ha implementado cerca de 25 prácticas de conservación. Muchas surgieron por iniciativa propia, porque el apoyo institucional no suele ir a la par con las prácticas agrícolas, y mucho menos con las de conservación. Algunas cuentan con respaldo de agencias federales, pero la mayoría provienen de la experiencia directa en la finca y de un enfoque basado en probar, ajustar y aprender.
Una de las iniciativas más recientes ha sido la instalación de un refugio para murciélagos, pensado para apoyar la polinización y ofrecer un espacio a especies importantes para el ecosistema. Más adelante, también se busca integrar refugios para aves, tanto migratorias como nativas, ampliando así el impacto hacia la vida silvestre.
Lugar de enseñanza
La parte educativa es clave en Bien-Estar. La finca sirve como espacio de práctica para estudiantes universitarios y como punto de encuentro para talleres. No está abierta todo el tiempo al público, pero se pueden coordinar visitas, lo que permite adaptar las experiencias según el grupo, ya sean familias o personas con interés más técnico.

En cuanto a la producción, se maneja un sistema mixto. Cultivos como jengibre, cúrcuma y galangal se distribuyen tanto localmente como en supermercados en línea, mientras que el recao se vende en mercados cercanos.
El proyecto también se impulsa desde la corporación Bienestar Agrícola LLC, desde donde Martínez Méndez desarrolla iniciativas relacionadas con silvicultura, liderazgo comunitario, creación de hábitats para vida silvestre y la conservación de recursos naturales.
Entre ellas, destaca un proyecto de siembra de árboles en comunidades (Bosques Alimentarios de Puerto Rico – BOAPR), que ha logrado ampliar su impacto más allá de la finca.
Al final, Bien-Estar es mucho más que una finca. Es un espacio donde producir y aprender van de la mano.
Cada práctica tiene un doble propósito: sostener la cosecha y demostrar que otra forma de cultivar —más cercana y consciente con la naturaleza— no solo es posible, sino también urgente en una isla dependiente de la importación.