Raleigh.- Carolina del Norte puso en marcha un programa de biocarbón que destinará cerca de $10.9 millones directamente a agricultores para mejorar la salud del suelo y la calidad del agua.
La iniciativa, impulsada por el Departamento de Agricultura y Servicios al Consumidor de Carolina del Norte (NCDA&CS), espera beneficiar durante los próximos tres años a por lo menos 400 productores y unas 6,500 acres de tierras agrícolas.
El programa cuenta con una subvención total de $12.8 millones de la Asociación Nacional de Distritos de Conservación (NACD), gestionada a través del Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. De ese monto, aproximadamente $10.9 millones financiarán incentivos para agricultores, mientras que el resto cubrirá personal, capacitación y asistencia técnica.
¿Qué es el biocarbón?
El NCDA&CS explica qiue el biocarbón es un material rico en carbono que puede mezclarse con la tierra para mejorar sus características. Se produce al calentar residuos orgánicos, como madera o estiércol, en un ambiente con muy poco oxígeno. En lugar de quemarse, el material atraviesa un proceso conocido como pirólisis y se transforma en pequeños fragmentos parecidos al carbón vegetal.
«Una vez calentado, se obtienen pequeños fragmentos muy estables en carbono, similares al carbón vegetal», explicó Dalton Buchanan, científico de suelos de la División de Conservación de Suelos y Agua del NCDA&CS. Según el especialista, este material puede utilizarse posteriormente con fines agrícolas.

El departamento aclara que el biocarbón no funciona simplemente como un fertilizante. Su estructura porosa ayuda al suelo a conservar agua y nutrientes, mejora su estructura y crea condiciones favorables para los microorganismos que viven en él.
Además, esa capacidad de retención puede reducir la cantidad de agua, nutrientes y sedimentos que salen de los campos y terminan en ríos y otros cursos de agua.
Tres problemas impulsaron el programa
El NCDA&CS explicó que la iniciativa surgió después de tres problemas que afectaron al oeste de Carolina del Norte entre 2023 y 2024: el cierre de la fábrica de papel de Canton, los daños agrícolas que dejó el huracán Helene y la enorme cantidad de restos de árboles que quedaron en los bosques tras la tormenta.
El cierre de la fábrica de papel Pactiv Evergreen en Canton en 2023 eliminó un importante comprador de madera para pulpa. Este tipo de madera procede principalmente de árboles pequeños o de menor calidad que los propietarios retiran durante las labores de manejo y aclareo de los bosques.
La pérdida de ese mercado redujo el valor de esa madera y complicó la rentabilidad de los trabajos de manejo forestal. Buchanan explicó que, sin compradores para la madera destinada a pulpa, algunos propietarios podrían dejar de extraerla debido a los costos.
Un año después, el huracán Helene agravó la situación. Las inundaciones arrastraron suelo de algunas tierras agrícolas y cubrieron otros campos con sedimentos, lo que generó la necesidad de importantes trabajos de recuperación.
La tormenta también dañó cientos de miles de acres de bosque y dejó grandes cantidades de restos leñosos. El Departamento de Agricultura estatal considera que parte de ese material puede convertirse en biocarbón en lugar de quemarse, triturarse, enviarse a vertederos o dejarse descomponer.
«Una de las cosas que ayudó a poner esto en marcha fue la gran cantidad de restos leñosos provenientes del huracán Helene. Están fácilmente disponibles para ser utilizados en la producción de biocarbón», señaló Joshua Vetter, jefe de la Sección de Servicios Ambientales de la División de Conservación de Suelos y Agua.
De un proyecto piloto a $12.8 millones
Antes del nuevo programa estatal, el NRCS desarrolló un proyecto piloto de $300,000 para probar el uso de biocarbón en granjas afectadas por Helene. La experiencia permitió comenzar a evaluar cómo podía aplicarse este material bajo las condiciones agrícolas de Carolina del Norte.
«El NRCS ha sentado las bases y demostrado la aplicabilidad del biocarbón como una práctica de gestión óptima», indicó Vetter. El funcionario explicó que el nuevo programa busca ampliar ese trabajo mediante una inversión considerablemente mayor.
Durante los próximos tres años, la iniciativa llegará a los 96 distritos de conservación de suelos y agua de Carolina del Norte, con la meta de beneficiar al menos a 400 agricultores y cubrir unas 6,500 acres.
El NCDA&CS también mira más allá de esos tres años. La División de Conservación de Suelos y Agua trabaja para incorporar el biocarbón como una práctica permanente de conservación que pueda recibir fondos compartidos estatales, de manera similar a otras medidas disponibles mediante el Programa de Financiación Compartida para la Agricultura.
Para lograrlo, la División desarrolla las primeras prácticas de manejo de biocarbón de Carolina del Norte y capacita al personal de los distritos de conservación para que pueda orientar a los productores.
Una posible salida para la madera
El programa también busca abrir nuevas posibilidades para el sector forestal. El Departamento de Agricultura estatal considera que la producción de biocarbón podría crear un mercado para la madera de pulpa que perdió demanda después del cierre de la planta de Canton.

En una primera etapa, los restos de árboles que dejó Helene ofrecen abundante materia prima. Sin embargo, el programa no exigirá que los agricultores utilicen únicamente biocarbón fabricado con esos residuos.
A medida que disminuya el material procedente de la tormenta, los productores podrían utilizar biocarbón elaborado con madera para pulpa u otras materias primas. En otras regiones de Carolina del Norte también podrían aprovechar residuos agrícolas o animales.
«El único requisito es que el material del que esté hecho el biocarbón cumpla con los estándares de prueba establecidos por el NRCS para garantizar que esté limpio y libre de contaminación», explicó Vetter.
¿Cómo podrán participar los agricultores?
El funcionamiento será similar al de otros programas estatales que ayudan a los productores a cubrir parte del costo de prácticas de conservación.
El agricultor deberá trabajar con su distrito local de conservación de suelos y agua. El personal evaluará si el biocarbón resulta adecuado para la explotación agrícola y determinará qué cantidad necesita el terreno.
Después de recibir la aprobación, el productor podrá comprar el biocarbón a un proveedor calificado y aplicarlo en el campo. El programa reembolsará al agricultor de acuerdo con el plan de pago previamente aprobado.
Los proveedores también deberán cumplir requisitos específicos. El NCDA&CS indicó que tendrán que someter sus productos a pruebas para comprobar que cumplen los estándares del NRCS y que el material resulta adecuado para uso agrícola.
El programa también contempla capacitación para empleados de los distritos de conservación y otros socios. La intención es que puedan orientar a los productores sobre cuándo conviene utilizar biocarbón, cuánto aplicar y cómo incorporarlo a sus terrenos.
La División de Conservación de Suelos y Agua también planea colaborar con NC State Extension, agrónomos del NCDA&CS y otras organizaciones para realizar actividades informativas y demostraciones dirigidas a los agricultores.
Más agua y nutrientes en el suelo
Vetter explicó que uno de los principales objetivos consiste en aumentar la capacidad del suelo para conservar nutrientes y absorber agua.
«Cuanta más materia orgánica en forma de biocarbón se añada al suelo, mayor será su capacidad de retención de nutrientes y mayor la infiltración de agua», señaló. Una mayor absorción, agregó, puede disminuir la escorrentía hacia ríos y arroyos.
El NCDA&CS espera que al terminar la subvención de tres años el biocarbón deje de ser una práctica experimental y forme parte de los programas estatales de conservación con financiación compartida.
La iniciativa busca, a largo plazo, ofrecer a los agricultores otra herramienta para fortalecer sus suelos, reducir la pérdida de nutrientes y sedimentos hacia los cursos de agua, aprovechar residuos agrícolas y forestales y generar un mercado adicional para materiales procedentes del manejo de los bosques.