San Juan.- Llevar la ciencia fuera de las universidades y convertirla en información que un pescador, un agricultor o una familia pueda utilizar para protegerse y tomar decisiones. Ese es uno de los ejes del trabajo que desarrolla Sea Grant en Puerto Rico, un programa que combina investigación, educación y asistencia directa a las comunidades.
Lillian Ramírez, especialista en extensión marina con 23 años de experiencia y actualmente coordinadora del proyecto Raíces del Centro de Puerto Rico, explicó a Qué Pasa que el trabajo no termina en las playas.
“Yo no me quiero limitar solamente a comunidades costeras porque lo que pasa en las montañas nos tiene un impacto y viceversa”, afirmó.
Puerto Rico Sea Grant lleva más de 40 años adscrito a la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y recibe fondos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), dentro de una red que también desarrolla programas en Estados Unidos, Alaska, Hawái y Guam. El programa también destina recursos a iniciativas en las Islas Vírgenes estadounidenses.
A ese trabajo se suma Puerto Rico Sea Grant Inc., organización sin fines de lucro creada hace aproximadamente dos años para dar continuidad a proyectos relacionados con comunidades, conservación y manejo de recursos marinos y costeros.
De la investigación a la comunidad
Sea Grant financia cada dos años proyectos de investigación aplicada de acuerdo con las prioridades establecidas en su plan estratégico. Las investigaciones abarcan campos como oceanografía física, química y biológica, acuicultura, maricultura y los efectos de las olas de calor. Así como manejo de desastres e impactos de la variabilidad climática en los ecosistemas naturales de la isla y la salud pública.

También colabora con iniciativas de monitoreo que proporcionan datos sobre mareas, corrientes y condiciones meteorológicas.
El reto, explica Ramírez, consiste en convertir esa información científica en algo que las comunidades puedan entender y utilizar.
“Yo lo que hago es tratar de bajarla a un idioma que no sea tan técnico para que los miembros de las comunidades que viven en esas áreas de alto riesgo entiendan qué es lo que está sucediendo”, señaló.
Ese conocimiento puede resultar decisivo ante la llegada de un huracán. Una familia, por ejemplo, necesita interpretar la información disponible para decidir si debe desalojar su vivienda y cuánto tiempo tiene para hacerlo.
El programa educativo también adapta sus contenidos según las personas que los reciben. Sea Grant trabaja con estudiantes hasta el grado 12 y ofrece capacitación formal a maestros. La información que recibe un niño, explicó Ramírez, requiere un lenguaje distinto al que necesita un estudiante de escuela superior.
Prepararse para el próximo desastre
Los huracanes Irma y María, los terremotos, la pandemia y otros eventos ocurridos durante los últimos años reforzaron la necesidad de preparar a las comunidades.
Ramírez también trabaja con el National Disaster Preparedness Training Center de la Universidad de Hawaii y cuenta con certificación para impartir en español cursos relacionados con preparación ante desastres.
Los entrenamientos abarcan desde la elaboración de planes para manejar escombros hasta mitigación, adaptación y respuesta ante emergencias. Los cursos certificados pueden extenderse durante ocho horas, aunque Ramírez también prepara seminarios más cortos según las necesidades y conocimientos de cada grupo.
Ingenieros, manejadores de emergencias, líderes comunitarios y cualquier persona interesada pueden participar. Ramírez explicó que consiguió impartir estos contenidos en español para facilitar el acceso de los residentes de Puerto Rico.

“Nos hemos dedicado a la tarea de educar y capacitar a todas esas comunidades”, señaló.
La especialista destacó que los desastres recientes dejaron una lección: durante una emergencia de grandes dimensiones, los vecinos pueden convertirse en la primera red de apoyo.
Pescadores que vuelven a organizarse
Ramírez recuerda casos en los que la orientación permitió que grupos de pescadores se reorganizaran y retomaran sus actividades.

El acompañamiento incluye enseñarles cómo estructurar una organización, trabajar conjuntamente y reactivar sus villas pesqueras para comercializar sus productos.
Sea Grant también trabaja con personas interesadas en acuicultura y maricultura, incluida la producción de ostras. La organización promueve prácticas del Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y busca que estas actividades generen nuevas oportunidades para pescadores y otros trabajadores.
La educación se extiende además a estudiantes, investigadores, pequeños negocios, agricultores y líderes comunitarios. El programa colabora con organismos como el NRCS y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.
Un proyecto en 17 municipios
Ramírez coordina actualmente Raíces del Centro de Puerto Rico, iniciativa que trabaja en 17 municipios de la región central y cuenta con cuatro extensionistas.
El proyecto busca empoderar a agricultores y propietarios de terrenos privados para que adopten prácticas de conservación. El objetivo no solo consiste en proteger las fincas: lo que ocurre en las montañas termina repercutiendo en los ríos y, finalmente, en el litoral.
Uno de los problemas que estudian son los caminos agrícolas de las zonas montañosas, particularmente en fincas de café, donde las fuertes pendientes favorecen la erosión.
Investigaciones apoyadas por Sea Grant estudian materiales y técnicas que permitan mejorar esos caminos, reducir la pérdida de suelo y evitar que los sedimentos lleguen a quebradas, ríos y posteriormente a la costa.
Servicios gratuitos
Los talleres, capacitaciones, visitas a fincas y materiales educativos que ofrece el programa no tienen costo para los participantes, explicó Ramírez.
Las publicaciones y otros recursos también pueden consultarse gratuitamente por internet. Buena parte del material aparece en español, aunque algunos trabajos científicos están disponibles tanto en inglés como en español.
Para Ramírez, uno de los principales aportes de Sea Grant durante décadas de trabajo ha sido proporcionar conocimiento científico para que las propias comunidades decidan.
“Nosotros proveemos la información con base científica” y corresponde a la población “tomar la mejor decisión basada en la información que reciben”, explicó.