Acequias ancestrales ayudan a Nuevo México a enfrentar la crisis del agua  

Acequias ancestrales ayudan a Nuevo México a enfrentar la crisis del agua  

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Raleigh.- En medio de un territorio marcado por la aridez y una prolongada escasez de agua, las comunidades rurales de Nuevo México recurren a un conocimiento acumulado durante generaciones para proteger sus tierras y mantener activa una de sus prácticas más antiguas: las acequias.

Estos canales conducen el agua desde las montañas y zonas boscosas hacia fincas y áreas agrícolas ubicadas en terrenos más secos. Algunos recorren entre ocho y diez millas y forman parte de sistemas comunitarios que administran y distribuyen el recurso entre los propietarios con derechos de agua.

Adrián Parrott, líder de alcance para el suroeste de Asekia, explicó en entrevista con Qué Pasa que la experiencia de los agricultores de Nuevo México constituye una de las principales fortalezas para enfrentar un escenario cada vez más complejo.

“Hay una cultura de conservación de agua aquí. Hay una cultura de saber de dónde viene el agua”, señaló Parrott, quien destacó el profundo conocimiento que mantienen los productores sobre sus tierras, las montañas y las fuentes que abastecen sus comunidades.

Una sequía que transforma el territorio

El problema principal, según Parrott, es el agua. Nuevo México décadas atraviesan de condiciones secas y algunas fuentes que históricamente abastecieron a las comunidades ya se han reducido o desaparecido.

Conservar el agua requiere que propietarios y comunidades trabajen de manera conjunta/ Foto: Asekia

La falta de agua también aumenta otros riesgos. Los bosques secos quedan más expuestos a incendios forestales, mientras el calor y el estrés hídrico favorecen la aparición de plagas y enfermedades, entre ellas las asociadas a escarabajos que atacan los pinos.

Aunque gran parte de Nuevo México presenta características desérticas, las zonas montañosas conservan áreas boscosas que Parrott describe como “islas verdes”. Asekia trabaja precisamente con propietarios de esas tierras mediante el Programa de Alcance para Propietarios de Bosques Hispanos.

Parrott considera que la experiencia acumulada por los habitantes rurales representa una ventaja. Muchas familias llevan cuatro o cinco generaciones enfrentando la escasez y conocen con precisión el origen del agua que llega a sus propiedades.

Ese conocimiento también ha creado una conciencia de interdependencia: conservar el agua requiere que propietarios y comunidades trabajen de manera conjunta.

Las acequias: un sistema que sobrevivió durante siglos

Las acequias ocupan un lugar central en esa relación con el agua. No funcionan únicamente como canales de riego. Cada comunidad mantiene su propia estructura para administrar el recurso, con autoridades y normas que responden a tradiciones que preceden a las actuales instituciones estatales y federales.

Las acequias lograron sobrevivir durante generaciones gracias al trabajo comunitario/Foto: Asekia

Dentro de este sistema, los parciantes poseen derechos de agua y reciben el recurso durante períodos determinados. El mayordomo se encarga de organizar y distribuir el agua entre ellos.

Cada acequia, sin embargo, funciona de manera diferente.

“Cada acequia es diferente”, explicó Parrott. Las prácticas, la infraestructura, las costumbres y hasta la relación con instituciones externas pueden cambiar de una comunidad a otra, incluso cuando apenas las separa media hora o una hora de distancia.

Esta autonomía también significa que cada comunidad depende de fuentes específicas. Los agricultores conocen las montañas, cañadas y zonas donde se acumula la nieve que posteriormente alimentará sus canales.

Un sistema ancestral ante problemas modernos

Las acequias lograron sobrevivir durante generaciones gracias al trabajo comunitario. Tradicionalmente, las familias se reunían para limpiar los canales y retirar vegetación, sedimentos y otros obstáculos antes de la temporada de riego.

Ese modelo enfrenta ahora un problema demográfico.

Muchos jóvenes abandonan las zonas rurales para trasladarse a Albuquerque, Santa Fe, Las Cruces, Texas u otros centros urbanos. Al mismo tiempo, la población que permanece en las comunidades envejece.

La reducción de la mano de obra dificulta mantener las jornadas tradicionales de limpieza y obliga a buscar recursos, nuevas prácticas y apoyo financiero que permitan conservar los canales sin alterar su carácter ancestral.

“Esa cosa ancestral está enfrentando los retos de la época moderna”, resumió Parrott.

Cinco millas de acequias recuperadas

Asekia encontró en el Fondo Forestal , financiado con recursos privados de la Fundación JPB, una herramienta para responder de manera directa a estas necesidades.

A diferencia de algunos programas federales, cuyos requisitos pueden limitar el tipo o velocidad de las intervenciones, estos recursos privados ofrecen mayor flexibilidad para atender problemas concretos identificados por los propios propietarios.

Asekia ha destinado los fondos a proyectos relacionados con tierras forestales y conservación, incluida la recuperación de acequias.

Conservar el agua requiere que propietarios y comunidades trabajen de manera conjunta/Foto: Asekia

Hasta ahora, el programa ha apoyado la limpieza de cerca de cinco millas de canales, retirando vegetación, sedimentos y otros elementos que impedían el paso del agua.

El resultado, según Parrott, ya puede observarse en el terreno.

Uno de los mayordomos relató que la intervención permitió llevar nuevamente agua a fincas que no la recibían desde hacía cinco años. La inversión logró recuperar el flujo mediante trabajos relativamente sencillos de limpieza y mantenimiento.

Una intervención puede beneficiar a decenas de agricultores

Asekia trabaja actualmente con dos comunidades de acequias. Parrott señaló que Nuevo México cuenta con cerca de 30 comunidades de este tipo y que cada una puede incluir dos o tres acequias individuales, con sus propios mayordomos y formas de organización.

En la acequia de Nacimiento Creek, las alcanzaron a 72 parciantes y aproximadamente 300 acres de terreno.

En otra comunidad con la que trabaja la organización, el alcance se aproxima a 100 parciantes , aunque Parrott no precisó la extensión total de tierras beneficiadas.

Para Asekia, estas cifras muestran una de las ventajas de trabajar directamente con las acequias: una sola intervención puede mejorar el acceso al agua de decenas de propietarios al mismo tiempo.

El programa ha apoyado la limpieza de cerca de cinco millas de canales/ Foto: Asekia

La confianza también forma parte del trabajo de conservación

Además de los desafíos relacionados con el agua, la conservación de las acequias requiere fortalecer la colaboración entre comunidades, organizaciones e instituciones que trabajan en el territorio.

Parrott explicó que algunas comunidades rurales de Nuevo México mantienen una relación particular con las instituciones públicas debido a procesos históricos relacionados con la propiedad y administración de las tierras.

Durante los periodos español y mexicano, numerosas familias formaron parte de sistemas de mercedes de tierras, en los que cada hogar podía contar con una propiedad individual mientras la comunidad compartía extensiones destinadas al acceso al agua, los bosques y el pastoreo.

Tras la incorporación de Nuevo México a Estados Unidos luego del Tratado de Guadalupe Hidalgo, la propiedad y administración de algunas de estas tierras atravesaron diferentes procesos legales y administrativos. Esos antecedentes históricos todavía forman parte de la memoria de algunas comunidades y pueden influir en la manera en que sus habitantes se relacionan con instituciones externas.

En ese escenario, organizaciones como Asekia buscan servir de puente entre los propietarios rurales y las distintas alternativas de asistencia disponibles para la conservación de sus tierras y recursos naturales.

Parrott destacó que organismos públicos, entre ellos el Servicio Forestal de Estados Unidos y otras agencias federales, cuentan con programas y herramientas que pueden contribuir a estos esfuerzos. Al mismo tiempo, los fondos privados complementan esas opciones y permiten atender determinadas necesidades con mecanismos adaptados a las características de cada proyecto.

El reto ahora es hacer sostenible la recuperación

Asekia reconoce que pagar cada año por la limpieza de los canales no constituye una solución permanente. La siguiente etapa consiste en trabajar con las comunidades para identificar prácticas que reduzcan la necesidad de intervenciones constantes.

Entre las alternativas figura el uso de especies vegetales adecuadas en los bordes de las acequias para estabilizar el suelo y reducir la erosión, siempre que esas plantas no se conviertan en especies invasoras ni alteren los sistemas tradicionales.

El proceso requiere cautela.

Parrott sostuvo que cualquier cambio debe respetar la historia y las características particulares de cada acequia. La organización busca avanzar gradualmente, primero atendiendo necesidades urgentes y luego construyendo junto con los habitantes soluciones de conservación a largo plazo.

Prepárese para cuando llegue el agua

La recuperación de las acequias cumple también otra función: preparar a las comunidades para aprovechar mejor las temporadas de lluvia y nieve.

Durante el monzón, los canales limpios pueden captar y transportar una mayor cantidad de agua para sostener las actividades agrícolas durante los meses secos. La nieve acumulada en las montañas también resulta fundamental porque alimenta las fuentes que abastecen las acequias.

Parrott señaló que una temporada con abundante nieve podría ofrecer un alivio importante. Sin embargo, advirtió que recibir más agua no bastará si la infraestructura tradicional no se encuentra en condiciones de conducirla hasta las propiedades.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en esperar lluvias o nevadas. Nuevo México necesita conservar los sistemas que permiten aprovechar ese recurso cuando finalmente llega.

Ocho años de trabajo con comunidades rurales

Parrott vive actualmente en Albuquerque y coordina los esfuerzos nacionales de alcance de Asekia, además de liderar las actividades en la región suroeste y gestionar análisis de datos.

Su trabajo con la organización comenzó hace ocho años, cuando desarrolló actividades de alcance dirigidas a propietarios y agricultores hispanos marginados en Luisiana y Misisipi.

En aquel momento, la falta de bases de datos, nombres y direcciones lo llevó a recorrer comunidades rurales, visitar pequeños comercios y restaurantes y establecer contacto directamente con agricultores hispanos.

Esa experiencia posteriormente se ampliará a proyectos en Carolina del Norte, Puerto Rico y, ahora, Nuevo México.

En el suroeste, el objetivo va más allá de financiar obras puntuales. Asekia busca utilizar las acequias como una puerta de entrada para llegar a millas de propietarios, recuperar la confianza y fortalecer prácticas capaces de enfrentar una escasez de agua que, según Parrott, continuará marcando el futuro del estado.

Para él, las comunidades ya poseen una parte importante de la respuesta: generaciones de conocimiento sobre cómo compartir, conservar y conducir el agua en uno de los territorios más secos de Estados Unidos.

Ahora el reto consiste en combinar ese conocimiento ancestral con recursos y nuevas herramientas que permitan mantenerse vivo.

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