El exceso de agua después de lluvias intensas puede formar charcos, inundar determinadas áreas y erosionar el suelo. Una alternativa consiste en conducir esa agua mediante tuberías instaladas debajo de la superficie hasta un lugar seguro donde pueda salir sin causar daños.
Cuando el agua de lluvia no encuentra una salida adecuada, puede convertirse en un problema para terrenos agrícolas y otras propiedades. La acumulación de agua puede afectar determinadas áreas y, cuando corre con demasiada fuerza sobre la superficie, también puede arrastrar el suelo.
El Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos contempla una práctica conocida como salida subterránea (Código 620), que utiliza una tubería o un conjunto de tuberías instaladas debajo del terreno para transportar el exceso de agua hasta un punto de descarga adecuado.
¿Para qué sirve una salida subterránea?
Su función principal consiste en retirar el exceso de agua de la superficie sin provocar erosión, inundaciones o acumulaciones de agua en otros sectores.
Este sistema puede recoger agua procedente de diferentes estructuras utilizadas para controlar la lluvia y el movimiento del agua en una propiedad.
En términos sencillos, funciona como una ruta controlada: en lugar de permitir que grandes cantidades de agua recorran libremente la superficie, el sistema las conduce por debajo del suelo hasta un lugar adecuado para recibirlas.
¿Cuándo puede resultar útil?
No todos los terrenos permiten conducir el agua de manera segura por la superficie.
El NRCS señala que una salida subterránea puede resultar conveniente cuando las alternativas superficiales presentan dificultades debido a las condiciones del terreno, el clima, el uso de la propiedad, las labores agrícolas o el movimiento frecuente de maquinaria.
Dependiendo de las características del lugar, el propietario puede utilizar este sistema como la única salida del agua o combinarlo con otras medidas de conservación.
¿Cómo funciona?
El sistema necesita un punto por donde ingrese el agua, una tubería subterránea que la transporte y un lugar seguro donde pueda salir.
Las características de la tubería dependerán de las condiciones de cada propiedad. El NRCS indica que puede utilizarse tubería sólida o perforada según el diseño específico.
Para la entrada del agua suelen utilizarse estructuras resistentes y perforadas. En la salida, el sistema necesita una sección de tubería sólida y resistente.
Pero existe un aspecto fundamental: el agua no debe descargarse simplemente en cualquier lugar.
El punto final debe conducir hacia un curso de agua estable y contar con protección frente a la erosión que podría provocar el flujo proveniente de la tubería.
Cuidado con los animales y las obstrucciones
El diseño también debe impedir que pequeños animales entren en las tuberías.
El NRCS recomienda proteger tanto la entrada como la salida. Sin embargo, la protección instalada en el extremo final no debe impedir que el agua fluya correctamente.
Mantener estas áreas libres de obstáculos resulta importante para que el sistema pueda cumplir su función cuando aumente la cantidad de agua.
No se trata simplemente de enterrar una tubería
Antes de instalar una salida subterránea, también hay que considerar qué transportará esa agua.
El NRCS advierte que estos sistemas pueden crear una ruta directa hacia ríos u otros cuerpos de agua para la escorrentía contaminada procedente de terrenos agrícolas.
Por esa razón, la agencia recomienda incorporar las salidas subterráneas dentro de un plan más amplio de manejo de la propiedad que considere aspectos como nutrientes, control de plagas, residuos y áreas que ayuden a filtrar el agua.
Una solución que puede combinarse con otras prácticas
Una salida subterránea no necesariamente funciona de manera aislada.
El NRCS contempla su uso junto con otras medidas destinadas a manejar el agua y conservar el suelo, como terrazas agrícolas, canales con vegetación, estructuras para controlar agua y sedimentos, desvíos del agua de lluvia y recuperación de áreas especialmente vulnerables.
Por ello, antes de realizar una instalación, resulta conveniente evaluar las condiciones particulares del terreno y determinar hacia dónde irá el agua.
El objetivo no consiste únicamente en sacar el agua de una zona problemática, sino en conducirla de manera segura para evitar trasladar la inundación, la erosión o la contaminación hacia otro lugar.
Los propietarios interesados en esta práctica pueden consultar con una oficina local del NRCS para conocer qué alternativa se adapta mejor a las características de su terreno.
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