JC Farm Products y la historia inspiradora de Juan Carlos Negrón

JC Farm Products y la historia inspiradora de Juan Carlos Negrón

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Mayagüez.- Cuando Juan Carlos Negrón Santiago habla de agricultura, no lo hace desde un escritorio ni desde la teoría. Lo hace con las manos curtidas por el trabajo diario, sudando gota a gota, con el conocimiento adquirido en universidades y agencias federales, y con la convicción de quien decidió apostar su futuro a la tierra.

A sus 32 años, este agricultor puertorriqueño ha construido una trayectoria poco común para alguien de su generación. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de fundar su propia finca.

Su primer maestro fue su abuelo.

Desde niño acompañaba a su «abu» o «guelo» paterno en una finca donde se cultivaban café, cítricos, plátanos y guineos. Durante los veranos y cada momento libre que tenía, trabajaba junto a él observando cómo sembraba, cosechaba y cuidaba los cultivos.

Aquellas jornadas despertaron en él una pasión que terminaría cambiando el rumbo de su vida.

Aunque ingresó a la Universidad de Puerto Rico Recinto Universitario de Mayagüez para estudiar Ingeniería Química, algo seguía llamándolo hacia el campo.

Cambio de dirección

Al llegar a su tercer año universitario tomó una decisión que transformó su futuro: abandonó la carrera y se trasladó al programa de Ingeniería Agrícola, una de las especialidades más reconocidas del recinto.

La decisión no fue impulsiva, pero fue la mejor.

Durante sus años universitarios participó activamente en actividades relacionadas con la agricultura, lideró espacios dentro de la tradicional Feria Cinco Días con Nuestra Tierra y tomó la mayor cantidad posible de cursos electivos vinculados al sector agrícola. También formó parte de diversos grupos estudiantiles relacionados con el desarrollo agrícola de Puerto Rico.

“Siempre vi el amor por la agricultura y siempre me gustó trabajarla”, recuerda.

Al graduarse, comenzaron a llegar las oportunidades.

Su paso por NRCS

Realizó prácticas de verano y programas de formación con el Natural Resources Conservation Service (NRCS), una de las agencias del Departamento de Agricultura de Estados Unidos encargada de la conservación de los recursos naturales.

Más adelante recibió una oportunidad de entrenamiento profesional en Maine y se preparaba para continuar su carrera en Estados Unidos.

Pero entonces ocurrió un acontecimiento que cambió el rumbo de Puerto Rico y también el suyo.

El paso del devastador Huracán María lo llevó a regresar a la isla y dejar atrás varias oportunidades laborales que había recibido en Estados Unidos.

De vuelta en Puerto Rico trabajó para la Farm Service Agency, donde conoció de cerca las necesidades de los agricultores y los programas de apoyo disponibles para el sector.

Posteriormente laboró en una empresa dedicada a la elaboración de sustratos agrícolas y mezclas de tierra con perlita, abonos y otros componentes especializados.

Su experiencia continuó creciendo.

También trabajó como inspector de poda de líneas eléctricas para la red primaria de energía en Puerto Rico, una labor que le permitió conocer distintas zonas agrícolas de la isla.

Más adelante asumió uno de los cargos más importantes de su carrera al convertirse en gerente general de la finca cafetalera de Pan American Grain, responsable de la producción destinada a la reconocida marca Café Mami.

Para muchos, aquella posición representaba estabilidad profesional.

JC Farm Products

Pero Juan Carlos tenía otros planes.

Hace dos años decidió renunciar.

Dejó atrás la seguridad de un empleo gerencial para invertir todos sus conocimientos, experiencia y energía en un proyecto propio.

“Quería apostar al cien por ciento a lo que sabía hacer”, afirma.

Así comenzó la etapa más desafiante de su vida.

Aunque muchos asocian JC Farm Products con la finca que hoy dirige, la corporación nació mucho antes de que existieran los cultivos.

Juan Carlos fundó la empresa el 12 de diciembre de 2020 con un propósito muy diferente: ayudar a otros agricultores.

Mientras trabajaba en la Farm Service Agency observó que muchos productores desconocían cómo acceder a incentivos, ayudas y programas gubernamentales. También detectó que numerosos agricultores no sabían qué documentos debían conservar o presentar para solicitar beneficios.

Esa realidad lo llevó a crear una empresa dedicada a brindar asistencia técnica, orientación y servicios de gestoría agrícola.

Sin embargo, siempre tuvo un sueño pendiente: poseer su propia finca.

La oportunidad llegó hace aproximadamente dos años.

Primero consiguió la propiedad mediante un acuerdo de alquiler con opción a compra. Más adelante logró adquirirla definitivamente.

Hoy esa finca se ha convertido en uno de los proyectos agrícolas jóvenes más prometedores de Puerto Rico.

La operación ocupa siete cuerdas de terreno y dispone de un área de empaque propia, además de 49 estructuras de producción o invernaderos.

Actualmente cerca de 20 de esas estructuras se encuentran activas.

Diez están dedicadas al cultivo de recao o culantro de hoja ancha, ocho producen cilantro mediante sistemas hidropónicos y dos albergan cultivos de ají dulce en envases de tres galones.

Además, la finca ya prepara ocho estructuras adicionales para la producción de flores de Pascua o poinsettias que serán comercializadas durante la temporada navideña de 2026.

Los esquejes para iniciar esa producción llegarán durante la segunda semana de julio.

Toda esa producción tiene un destino claro.

Los productos llegan semanalmente a supermercados, restaurantes y consumidores que valoran la calidad y frescura de los alimentos locales.

En muchos casos son los propios chefs quienes prefieren adquirir el cilantro y el recao recién cosechados.

“No los quieren envasados en bolsas. Los quieren frescos para procesarlos directamente en sus cocinas”, explica.

Pero la finca no solo produce alimentos.

Capacitación

También se ha convertido en un centro de capacitación.

Frecuentemente recibe visitas de agricultores, emprendedores y personas interesadas en conocer cómo se cultiva, procesa, empaca y distribuye la producción agrícola.

Juan Carlos comparte con ellos técnicas, experiencias y conocimientos adquiridos durante años de trabajo.

Las prácticas de conservación

Gracias a su experiencia en el NRCS, Juan Carlos ha implementado múltiples prácticas de conservación dentro de su operación agrícola.

Estas medidas buscan aumentar la productividad, mejorar el rendimiento de los cultivos y proteger los recursos naturales de la finca.

Sin embargo, considera que todavía existe un gran desafío.

A su juicio, muchas capacitaciones agrícolas se quedan únicamente en la teoría.

“El agricultor recibe el taller y el conocimiento, pero muchas veces no sabe cómo implementarlo”, señala.

Por eso defiende la creación de programas que no solo enseñen las prácticas de conservación, sino que también acompañen a los agricultores durante el proceso de implementación.

Actualmente también asesora a otros productores en el establecimiento de prácticas conservacionistas, control de plagas, manejo de cultivos e integración de especies que pueden beneficiarse mutuamente dentro de una misma finca.

La burocracia

Cuando se le pregunta por los obstáculos que enfrenta la agricultura puertorriqueña, Juan Carlos no menciona primero los huracanes ni las plagas.

Habla de la burocracia.

Considera que muchos agricultores encuentran enormes dificultades para acceder a programas de ayuda debido a procesos complejos, requisitos excesivos y falta de orientación adecuada.

Según explica, una de las situaciones más frustrantes ocurre cuando distintos funcionarios ofrecen respuestas diferentes sobre un mismo programa.

“Le preguntas a una persona y te dice una cosa. Le preguntas a otra y te dice otra”, comenta.

Esa desinformación provoca retrasos, confusión y, en muchos casos, desanima a los agricultores a solicitar ayudas que podrían beneficiar sus operaciones.

También cuestiona que muchos de los requisitos exigidos resultan difíciles de cumplir para agricultores de mayor edad que no dominan la tecnología o carecen de recursos administrativos.

“Las ayudas terminan llegando a unos pocos”, sostiene.

Mano de obra

Otro de los grandes desafíos es la escasez de trabajadores agrícolas.

Juan Carlos considera que durante décadas se ha transmitido la idea de que la agricultura tiene poco valor social, una percepción que ha alejado a muchos jóvenes del sector.

“No vivimos del aire ni del cemento. Gracias a un agricultor tenemos comida en nuestras mesas”, afirma.

También reconoce que los agricultores enfrentan enormes dificultades para contratar personal.

Los costos de producción continúan aumentando, los márgenes de ganancia son reducidos y resulta complicado ofrecer salarios elevados cuando constantemente deben enfrentar pérdidas por huracanes, plagas, enfermedades o fluctuaciones del mercado.

A esto se suma la competencia de los productos importados, que muchas veces reciben una valoración superior a la producción local.

Un proyecto para ayudar

Lejos de quedarse en la crítica, Juan Carlos trabaja actualmente en una iniciativa que podría beneficiar a numerosos productores.

Su propuesta consiste en crear un centro de acopio junto a otros agricultores de la isla.

La idea busca agrupar productos de distintas fincas bajo una sola estructura comercial para facilitar su distribución hacia supermercados y restaurantes.

De esta manera, los agricultores podrían aumentar sus ventas, mejorar su capacidad de negociación y ofrecer una mayor variedad de productos locales al mercado.

El proyecto también contempla brindar asistencia técnica, apoyo documental y orientación para que más agricultores puedan acceder a programas estatales y federales.

Al final de la entrevista, Juan Carlos deja un mensaje dirigido especialmente a los jóvenes que consideran dedicarse a la agricultura.

Reconoce que el camino no es fácil.

Afirma que quienes comienzan desde cero encuentran pocas ayudas y deben construir sus proyectos prácticamente desde la nada.

Sin embargo, insiste en que el futuro del sector depende de la perseverancia y de la colaboración entre productores.

“No nos quitemos”, repite.

Cuenta que trabaja siete días a la semana y que prácticamente vive pendiente de la finca las 24 horas del día.

Ha sacrificado tiempo libre, actividades personales y muchas comodidades para mantener en marcha su operación agrícola.

Pero no se arrepiente.

Por el contrario, asegura que seguirá trabajando para que la agricultura puertorriqueña recupere la importancia que tuvo en otras épocas.

“Tenemos que ayudarnos unos a otros. La unión hace la fuerza. Queremos que en nuestra isla se consuma producto local y sabemos que se puede lograr. Yo quiero ser parte de los agricultores jóvenes que ayuden a cambiar la agricultura de Puerto Rico”.

Esa es la misión que impulsa cada jornada de Juan Carlos Negrón Santiago: sembrar alimentos, sembrar oportunidades y demostrar que el futuro agrícola de Puerto Rico todavía tiene mucho por cosechar.

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