Las Marías.- En las montañas del oeste de Puerto Rico, donde la tierra guarda historias de esfuerzo y resiliencia, creció Heriberto Martínez Méndez. Allí comenzó a sembrarse una vocación que hoy no solo produce alimentos, sino también conocimiento, comunidad y esperanza.
A sus 35 años, Heriberto encarna una combinación poco común: la experiencia de quien lleva más de una década trabajando la tierra y la energía de quien sigue aprendiendo, enseñando y soñando en grande.
Agrónomo de formación, egresado del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, encontró desde temprano su camino en la horticultura y luego profundizó en la protección de cultivos durante su maestría.
Pero su historia no se limita a los títulos. En 2016 llega a finca Bien-Estar, un espacio que con el tiempo se transformó en algo más que un terreno agrícola. Allí no solo cultiva, sino que abre las puertas a estudiantes, agricultores y comunidades que buscan aprender, compartir y crecer.

“Recibimos estudiantes, damos talleres en vivo y mostramos prácticas reales de conservación”, explica.
Desde esa finca, Heriberto impulsa una agricultura con propósito. Bajo su liderazgo, el lugar integra alrededor de 25 prácticas de conservación de recursos naturales, desde manejo de suelos y aguas, hasta siembra en contorno. Su enfoque no es solo producir, sino hacerlo de manera sostenible y replicable.
Su trabajo se ha conectado con iniciativas más amplias en la isla. A través de programas vinculados a organizaciones como Asekia que surgieron tras una evolución de proyectos anteriores como Nolo Consulting y manoYola, ha desarrollado proyectos de capacitación agrícola, conservación y adaptación al cambio climático.
En estos espacios, su rol va más allá del agrónomo tradicional: actúa como educador, gestor y puente entre el conocimiento técnico y la realidad del agricultor.
“Nos convertimos en un gestor del agricultor… vamos uno a uno, analizamos su finca, sus problemas, y les damos soluciones concretas”, señala.
Uno de los elementos más innovadores de su trabajo es el uso de tecnología. Heriberto integra drones para analizar fincas desde el aire, identificar recursos naturales, cuerpos de agua y áreas de cultivo. Pero también traduce información técnica del USDA al español, consciente de que el acceso al conocimiento es clave en comunidades donde el idioma puede ser una barrera.
Esa mirada integral lo llevó a expandir su impacto más allá de la finca. En 2025 lanzó “Bosques Alimentarios de Puerto Rico” (BOA PR), una iniciativa que combina agricultura, reforestación y desarrollo comunitario. Como director del proyecto, lidera la meta de sembrar 750 árboles en comunidades como La Perla, Cantera y Punta Las Marías.
El objetivo no es solo plantar árboles, sino transformar entornos. “Queremos crear vida silvestre, mitigar el calor y empoderar a las comunidades”, afirma.

El proyecto incluye módulos de liderazgo comunitario, conservación de fauna y capacitación para que los propios residentes mantengan los espacios que ayudan a crear. Para Heriberto, la sostenibilidad no es solo ambiental, sino también social.
Su equipo refleja esa visión colaborativa: especialistas en vida silvestre, facilitadores de liderazgo comunitario, arboristas, comunicadores y expertos en datos trabajan juntos para medir el impacto y asegurar que cada acción tenga continuidad.
A pesar de los logros, reconoce los desafíos. La burocracia y los tiempos de respuesta de algunas agencias pueden frenar procesos que, en el campo, requieren rapidez. Sin embargo, no lo ve como un obstáculo definitivo, sino como parte del camino.
Hoy, con nuevos proyectos en puerta y viajes para fortalecer alianzas, Heriberto mantiene clara su misión: adaptarse, crecer y seguir llegando a más personas.
“Tenemos que ajustarnos a los cambios y buscar cómo impactar más comunidades”, dice.
En un mundo donde la agricultura enfrenta retos cada vez más complejos, Heriberto Martínez Méndez demuestra que la respuesta no está solo en la tecnología o en la producción, sino en la conexión entre la tierra, el conocimiento y la gente.
Porque, al final, su trabajo no se mide solo en títulos y cosechas, sino en el futuro que ayuda a sembrar.